Mixzaida Y. Peña Zerpa

Según los últimos datos y cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cambio climático influye en los determinantes sociales y medioambientales: aumento en los niveles de ozono y otros contaminantes, suministro y escasez de agua, pérdida en cosechas y escasez de alimentos, saneamiento de los lugares e higiene de las personas, incremento de insectos y animales portadores de enfermedades, además del aumento de los nivel de polen y otros alérgenos.

La OMS pronostica que entre los años 2030 y 2050 el cambio climático causará unas 250.000 defunciones adicionales debido a: malnutrición, paludismo, estrés calórico, diarrea, enfermedades respiratorias y cardiovasculares… Esta situación repercute en los costos asociados a la salud (entre 2000 y 4000 millones de dólares (US$) hasta el 2030).  primordiales como consecuencia de los efectos del cambio climático.

Uno de los grupos etarios más vulnerables son las personas de edad avanzada y los niños (niñas) de los países con menor poder adquisitivo. De esta población, se pronostica unas 250.000 defunciones adicionales entre 2030 y 2050. Noventa y cinco mil serán por desnutrición infantil. Actualmente, se reportan aproximadamente 760.000 defunciones de menores de cinco años por enfermedades diarreicas por condiciones sanitarias precarias a causa de la escasez del agua. Además, las estadísticas señalan al paludismo, como la causa de muerte de casi 600.000 personas por año. Los lactantes y niños menores de cinco años son los más vulnerables frente a esta enfermedad representan el 61% (266000) de las muertas mundiales (OMS, 2017).

El rol del Estado es fundamental en la lucha antivectorial (barreras físicas, medicamentos y vacunas) como principal medio para reducir la transmisión de enfermedades como el paludismo y el dengue. De esta situación, cobra fuerza la vigilancia epidemiológica activa y pasiva que permite conocer las condiciones de salud de la población por medio de un proceso sistemático, ordenado y planificado.

El Estado debería impulsar el diseño de nuevas infraestructuras sanitarias y mejoramiento de las existentes para enfrentar los cambios porque “los servicios no están preparados para el cambio climático” Antonella Risso (2019), quien es coordinadora técnica de proyectos para la Organización No Gubernamental Internacional “Salud Sin daño” (HealthCareWithoutHarm) en América Latina y asesora técnica en la Red Global de Hospitales Verdes y Saludables.

Las acciones de instituciones educativas: ¿preparadas para el cambio climático?

Es necesario que el sistema de salud trabaje articuladamente con el educativo y comunicacional con la finalidad de reducir los riesgos de transmisión de enfermedades vinculadas con el clima para evitar posibles emergencias climáticas. No solo se trata de aplicar acciones normativas (preventivas o correctivas) dentro o fuera de un espacio (llámese aula u hospital). Se busca la participación activa de los actores involucrados.

El acompañamiento del sistema salud dentro de las instituciones educativas también incluye la participación de padres y madres (representantes de niñas, niños y adolescentes), estudiantes, trabajadores (as) y la participación responsable de las comunidades aledañas. Así permitiría “anclarlo como un problema local” Carolina Gil Posse (2019), coordinadora de programas y comunicaciones de Salud sin Daño (Health Care Without Harm) para América Latina).

Poco se puede avanzar en materia de salud, si no existe una capacitación en materia de clima en los diversos sistemas mencionados (salud, educativo y comunicacional). Esto fortalecería acciones seguras y confiables a los efectos causados por el cambio climático.

Fuentes consultadas

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/malaria

 

Written by MIXZAIDA PEÑA