septiembre 29, 2019 Uncategorized No hay comentarios

 

Invitamos a los ministros para que integren sus sistemas energéticos a más tardar en 2025. A partir de ese año sólo se construyan plantas de generación eléctrica a partir de energías renovables en el marco de la jurisdicción firmantes del Acuerdo de Santiago.

Como parte de los beneficios negociados podrían incluir el apoyo técnico necesario para desarrollar el plan de integración, donde los organismos financieros internacionales podrán aportar en pari-passu hasta el 15% de la participación directa (equity) en el portafolio nacional con una contribución equivalente del gobierno nacional, así como líneas de crédito preferencial hasta por el 35% del costo del portafolio regional y el sector privado contribuirá con el 35% de la inversión.

Para esto, se debe evitar distorsiones en los precios de energía donde las tarifas puedan retribuir  los costos económicos de las empresas. Sin embargo, los procesos de integración no sólo deben basarse en el comercio de energía como medio para maximizar utilidades privadas. Debe existir un cambio en nuestra forma de negociar y pensar.

Se propone:

Desarrollar  interconexiones físicas e incentivar  la operación de empresas energéticas latinoamericanas en otros países de la región. Sin embargo, deben existir procesos que busquen desarrollar una real integración regional, tanto binacional como multilateral, mediante la planificación y coordinación energética de acuerdo a las capacidades y necesidades de los pueblos, las naciones del mundo, teniendo en cuenta el uso racional y eficiente de los recursos naturales.

América Latina tiene una gran ventaja sobre el resto de las regiones. Los países de Latinoamérica cuentan con diferentes recursos naturales que permiten un interesante intercambio mutuo. Esto, sumado a la heterogeneidad de las economías y estructura socio-productivas de los países, hace que los recursos naturales, en especial los energéticos, puedan ser la columna vertebral de la integración latinoamericana. Cada nación podría contrinuir de forma justa y equitativa en el intercambio sin desmejorar las generaciones presentes y futuras en cada país.

La verdadera integración energética debería apuntar a mejorar los niveles de sustentabilidad, un concepto amplio de desarrollo que contemple la biodiversidad, los aspectos sociales y económicos del crecimiento. De ahí, que los proyectos de articulación energética para la Integración no deben apuntar solamente a construir infraestructuras  e impulsar el crecimiento. Muchos autores lo califican como una interconexión física para transportar electricidad que no tiene en cuenta cuestiones como la eficiencia energética, el cuidado del ambiente o el desarrollo sustentable.

 

Asesora

Mixzaida Peña Zerpa

Septiembre 2019

 

Written by MIXZAIDA PEÑA