Claritza Arlenet Peña Zerpa

Disponible en: http://formacionib.org/noticias/?Yo-si-los-tengo-derechitos-Tronchatoro-esta-en-la-escuela

La profesora Tronchatoro, personaje de la película Matilda, aún existe. Sí. Por más contradictorio que resulte, pareciera ser una aspiración de maestros, apegados a la disciplina como única vía para la enseñanza. Hay quienes presumen, al modo de un trofeo: “Yo sí los tengo derechitos”. Por más lógica que se le busque a esta expresión, no se la encuentro. Si enseñamos a niños y niñas, ¿tiene cabida dicha expresión? Veamos en principio el significado de la palabra “derechito”. No existe en el Diccionario de la Real Academia Española. Ahora bien si se busca “derecho” se encuentra: “adjetivo de Recto, igual, sin torcerse a un lado ni a otro”. Si este significado se pretende homologar al comportamiento de un niño estaríamos equivocados. Un niño está en permanente movimiento. Observa, canta, camina, juega… Pretender tenerlos como en orden cerrado (terminología de las formaciones militares) es un absurdo.

¿A quiénes tenemos en nuestras aulas? Es la primera interrogante formulada a maestros al estilo de Tronchatoro. Las escuelas no forman profesionales militares, así que el concepto de orden cerrado no tiene sentido y más aún si consideramos en esta discusión los derechos del niño. Cantar el himno en silencio y en una postura “recta” es una muestra de respeto. Pero, mantenerlos dentro del aula en formación sin posibilidad de parpadeo es un contrasentido. Valdría preguntarse ¿por qué la imposición del silencio?, ¿el maestro es el único sujeto con voz? Desde luego, entre las posibilidades de respuestas está la inmediata negativa. El maestro enseña y aprende. He aquí un detalle de importancia. Quien está convencido en mostrar el poder a fuerza de la enseñanza no le interesa conocer qué piensa y siente el otro. Actúa a modo de monólogo por creer que es el único personaje.

Agatha Tronchatoro impone su poder y miedo a los más pequeños con su presencia. Es parte de su itinerario los gritos y castigos. Su lema: “Mi escuela es un modelo de disciplina, usa la vara en la posadera”. Ello inspira temor y desconfianza. Bajo este estilo, la palabra del poder tiene lugar. No importa cuánto pueda perjudicar al otro. Pero, ¿es esto un acto de enseñanza? Se acerca más a una práctica desvirtuada, a un mito ya superado en el tiempo, el cual, lamentablemente sigue ganando ferviente admiradores cuando ignoran herramientas para la disciplina positiva.

Con la información disponible en estos tiempos, es una responsabilidad buscar a la maestra de Matilda y llevarla a nuestras aulas. Esa búsqueda implica reconocer al otro, escucharlo y comprenderlo. Se trata de un estilo opuesto a Tronchatoro. Su amabilidad con los niños es una constante. Acompaña con una sonrisa las palabras. Con esto logra una conexión inmediata.  La señorita Jenifer Miel es una analogía a la pedagogía del amor. Su nombre ya permite una asociación directa con su personalidad.

Tronchatoro en ninguna escena conversa con los niños o los escucha. No le agrada la posibilidad de respuesta. Así, por ejemplo, cuando una pequeña niña le responde por qué sus trenzas son lindas inmediatamente la profesora actúa tomándola de ellas y le da vueltas en el aire. Aterriza en medio de unas flores y lo celebra. Los demás niños se alegran, de inmediato, Tronchatoro los amenaza con el agujero. Las díadas conducta-castigo, amenaza-silencio y poder-sumisión son algunas de sus preferidas.

Insistir en ser la mejor maestra por “tenerlos derechitos” es una afirmación con textos y subtextos ocultos. En principio, denota una carencia gramatical, seguido por la resistencia al cambio (especialmente de la ambivalencia de roles aprendiz y enseñante), la incomprensión generacional y la ausencia de búsqueda de nuevos focos para analizar las situaciones. Mientras sigamos viendo la conducta como el centro de atención y descuidemos los sentimientos ¿qué estamos haciendo?, ¿repitiendo la enseñanza de viejos tiempos?, ¿seguir la fórmula de conducta-castigo como principio educativo? En la medida que comprendamos mejor las acciones, sus actores y sentimientos; de seguro interpretaremos y explicaremos en otro nivel. Las aulas no equivaldrían a espacios de castigos sino de encuentros afectivos y al modo de Matilda desearía y soñaría con ir a la escuela.

Tronchatoro es un personaje de una película. Ojalá, fuera de esta historia de ficción, algunos maestros entiendan que hablar con amabilidad y firmeza es posible. Más allá de presumir por el control ¿por qué no presumimos de cuánto aprendemos de nuestros pequeños estudiantes cada día? O ¿cuánto hacemos para renovarnos constantemente? Esto  luce más realista y a tono con nuestra responsabilidad.

Por veintitrés años la película me ha resultado atractiva. En este tiempo, he tenido lecturas de cualquier orden, pero especialmente ésta surge a raíz de unas reflexiones. Como estudiantes de educación deseamos cambiar el mundo y ya en la profesión es necesario insistir en ello cuando cambiamos nosotros y nuestro contexto.

 

Ficha Técnica

Título original: Matilda.

Dirección: Danny DeVito.

País: Estados Unidos.

Año: 1996.

Fecha de estreno: 20/12/1996.

Duración: 102 minutos.

Género: Comedia familiar y fantáctica.

Calificación: Apta para todos los públicos.

Reparto: Mara Wilson, Danny DeVito, Rhea Perlman, Embeth Davidtz, Pam Ferris, Paul Reubens, Tracey Walter, Brian Levinson, Jean Speegle Howard, Sara Magdalin.

Guión: Nicholas Kazan, Robin Swicord.

Música: David Newman.

Fotografía: Stefan Czapsky.

Distribuidora: Sony Pictures.

Productora: TriStar Pictures, Jersey Films.

 

Written by MIXZAIDA PEÑA