Claritza Arlenet Peña Zerpa[1]

Resumen

La formación de la ciudadanía es una clave para el ejercicio político reforzada en la escuela gracias al maestro (actor-militante). Esta premisa corresponde al siguiente ensayo, elaborado a partir de la experiencia de la autora en la producción académica de un festival ambiental. En el desarrollo del texto se plantean tres ideas: 1. La escuela: un espacio para la formación. Asumido como principio de la coexistencia. 2. Cine militante en las aulas. A partir de la obra cinematográfica de corte ambiental se manifiestan desacuerdos, voces de actores y se reflexionan problemáticas. Para ello, el maestro debe conocer el lenguaje audiovisual para identificar discursos de poder; 3. Militancia del maestro en orden a sus acciones dentro y fuera de la escuela, enmarcado dentro de la concepción de política de Arendt (1997). Se asume la categoría formación según la investigación de Peña (2010) actualizada a partir de nuevas formulaciones. Su significado corresponde a la voluntad del sujeto para aprender y actuar. La autora la relaciona con la introducción del cine verde en el aula (su más reciente estudio). Se desarrolló el ensayo siguiendo la dialógica general-particular a tono con la visión de la Amazonia desde países suramericanos. Entre las principales conclusiones se señalan: Imaginarse-sintiendo, reflexionar- viendo, actuar-modelando aparecen como tres claves en el compromiso del maestro. Cambiando la mirada respecto al mundo al cual se pertenece se dejará de insistir en el recuerdo como simple conformismo. La Amazonia existe más allá de una imagen, está encarnada en la identificación nostral de la región.

Introducción

Lejos de casa y gracias a las redes se ven imágenes del incendio. Algo ajenas y remotas. Quizá extrañas para el típico ciudadano citadino acostumbrado a tener agua en su casa y luz por doquier. Ese ciudadano que coexiste en este suelo suramericano extrañado por la biodiversidad de la Amazonia.

La convivencia entre espacios urbanos y naturales pareciera ser cada vez más extraña que habitual. Por ejemplo, en Venezuela, pequeños jardines y pulmones han sido conquistados por la industria del transporte muy a pesar de las protestas de ONG ambientalistas y grupos de ecologistas. ¿Será esto común en otros países del sur? Las industrias aparecen en escena como una constante relacionada a acciones con impacto negativo al ambiente mientras que afectados se resisten a vivir con esa amenaza. Las voces de pueblos indígenas salen al paso y quedan registradas en reportajes y escenas de películas que luego circularán en festivales ambientales de la región.

Recordemos el sur de Venezuela. La minería ganó terreno y aún con la salida de líderes pemones para la defensa, la férrea posición de universidades y especialistas en materia ambiental, se observa con preocupación a representantes de organismos gubernamentales apostando por la explotación del oro y otros minerales como “una salida a la crisis económica”. El poder empaña la coexistencia y permanece latente.

Nuevas generaciones siguen creciendo mientras otras más maduras replantean la formación de la ciudadanía. Sin mirar a lo lejos sabemos que el asunto se trata de pequeñas acciones sostenidas en el tiempo. Seas o no habitante de una selva de asfalto también es posible pensar en un inmenso bosque y sus especies. Afortunadamente la sensibilidad por la condición humana no es exclusiva de unos u otros. Está en todos, en cada uno de nosotros. ¿Por qué delegar a nuevas generaciones la solución?, ¿por qué esperar a las generaciones maduras como guías de las más jóvenes? Quizá forme parte de  una tradición societal y de la vida en común entre sujetos. Coexistimos y también nos necesitamos para comprender este mundo, traducirlo y quererlo.

El valor por la vida no es una cuestión generacional. Lastimosamente se observa que algunas comunidades indígenas de la Amazonia son abandonadas, incluso negadas por la atención de profesionales de la salud. Hace unas semanas escuchaba este testimonio y pensaba y repasaba algunas preguntas: ¿por qué negar al otro? Si la existencia del otro depende de una razón política ¿por qué predomina con más fuerza el criterio económico? Sabemos que operan fuerzas en nuestra sociedad que tienen a estar en constante contradicción. En ese mar de contradictorios, nunca dejan de coexistir voluntades con una sensibilidad por lo humano. Hacia esta dirección resulta necesario dirigir esfuerzos. En las escuelas es posible crear estos escenarios.

La escuela: un espacio para la formación[2]

El acompañamiento a niños y niñas en la Educación Primaria ofrece escenarios para el debate y la acción. Esto suena sencillo y en realidad lo es. Desde la formulación de proyectos de aprendizajes los estudiantes buscan acercarse a algo (objeto de conocimiento) con entusiasmo. En ocasiones ese “algo” pudiera estar relacionado con el ambiente. Así que la búsqueda de acercamientos con la comunidad resulta accesible. Sin esta unión divorciaríamos el sentido de “lo común”.

Sensibilizar a otros por la coexistencia, la armonía de lo humano con lo vegetal y animal depende del lenguaje del amor. No al estilo romántico. Se trata más bien del respeto por la existencia del otro en un espacio. Esta racionalidad no tiene tiempo. Podemos recurrir a esta premisa en un año, quince, veinte o cien. Lo importante es enseñar a asumirla y adoptarla como modo de vida del ciudadano.

Si miramos algunas formulaciones de Arendt (1997), por ejemplo, nos damos cuenta de que las sociedades necesitan de la diversidad y coexistencia por ser algo natural.  Lo extraño es volcarnos en su contra. Así que sentirse ajeno a la Amazonia viviendo en Caracas, Brasilia, Bogotá o Buenos Aires denota una contradicción. Desde esos lugares es posible construir redes de acción, por ejemplo. Probablemente se sumen campañas y propuestas de biólogos y con ellos conquistar más participantes.

No se trata de afirmar lastimosamente algunas posturas egoístas. Un europeo so pretexto de su lejanía al lugar (Amazonia) probablemente objete sobre su participación aludiendo que por ser habitante lejano de Suramérica su interés esté en rescatar los íconos de Europa. Esta afirmación rompe con el sentido en sí de coexistencia en el planeta y de la causa: ¡Cuidemos, somos ciudadanos terrenales! Quizá al modo de Morín en uno de los saberes de la educación insistía en la ciudadanía terrenal. Desde ese sentido global-local es posible ver, comprender y sentir.

La indiferencia al otro por razones de territorialidad es quizá una de las conquistas más importantes de la formación en las escuelas. La superficialidad de la mirada a “lo extraño” supone la negación a aquello distinto a mí y próximo a la vez. El otro (llámese especies, por ejemplo) está cercano a nosotros en la medida que lo aceptemos y forme parte de nuestra definición como personas. Ningún ser existe solo. Incluso la compañía irrespetuosa es causante de la inexistencia de otros.  Resulta contradictorio esto ¿no les parece? Aún las especies en extinción pasaron a esa categoría por la acción del otro. Una acción egoísta, divorciada de la vida y muy especialmente del sentido del amor.

Está en nosotros, cambiar la mirada de aquello que hemos mirado. Pero no debemos esperar a los más pequeños o jóvenes. Pasarían muchos años. Es necesario comenzar con la generación adulta para emprender estos cambios. Sin delegar la exclusividad a unos u otros. Hace falta voces de ecologistas, también maestros de escuelas y comunidades. Una vía para ello es el cambio del discurso. Esto último implica un trabajo de concienciación en el obrar y decir del maestro. Más allá de enseñar contenidos está el ejemplo. Su modo de vida es visto y será recordado por muchos ojos. El trato a una persona, animal y planta componen una trilogía indisoluble. Esto supone, por ejemplo, animar a los pequeños a adoptar animales abandonados, abonar el terreno o regarlo para contemplar la belleza de una flor y compartir esa alegría.

Si los más jóvenes encuentran en la escuela el espacio para el contacto respetuoso con la naturaleza, de seguro fuera también lo harán. Comenzarán a generar pequeños cambios perceptibles para otros pares que luego serán imitados. Pero esta acción no es solo la única, también podemos apoyarnos del cine militante.

Cine militante en las aulas

En Suramérica coexisten al menos doce festivales[3] y/o muestras de cine verde. Cada uno desde su particularidad y características ofrece escenarios potenciales de formación (escuelas y comunidades). Dichos espacios representan una oportunidad para aprender, reflexionar y concienciar a pequeños y grandes sobre problemáticas ambientales.

Directores (as) ofrecen sus obras como potenciales textos para la protesta o formulaciones de mejora. La quema de la Amazonia marcará sin duda dos momentos: antes y después. Pero, esto no significa que sea un nuevo planteamiento. Es posible identificar en la programación de los festivales ambientales creaciones, cortometrajes y largometrajes del género documental[4],   denuncias a industrias, gobiernos e inversión privada desde las voces de líderes y habitantes de comunidades indígenas. Si bien, coexisten múltiples miradas, esas narrativas audiovisuales han llegado a las escuelas gracias a programas de formación de algunos festivales.

Las obras exhibidas representan el ejercicio crítico del realizador respecto a su lugar como sujeto en el mundo. Su voz es una combinación de develamiento de problemáticas existentes y la necesidad de resolución. Representa la renuncia a la indiferencia y la apuesta por la vocería de grupos no escuchados ni visibilizados. Independientemente del credo y origen social pasa a representarlos. Lo narrado es conocido por otros sujetos cuando se distribuye la obra. Puede ser desde una escuela a festivales competitivos (dentro y fuera de Suramérica). De modo que esa visión militante es conocida y re-conocida en otros lugares a propósito de la búsqueda de miradas y potenciales acciones.

La obra cinematográfica ofrece una visión militante. Los subtextos dan al espectador una revisión de patrones de consumo, conciencia ecológica, voluntad política y la necesidad de mejora en su localidad. No se trata de una respuesta inmediata, sino de un cuestionamiento individual a la acción o inacción. Quizá actuando es posible incurrir en errores cuando se desconoce sobre el asunto, así como también cuando se elige la inercia.

No hace falta vivir en Suramérica para saber que es nuestra. Y ese sentido nostral lo da la identidad. En consecuencia, negar nuestra corresponsabilidad informativa sobre sus comunidades indígenas, especies, amenazas y necesidades es un tema que tomó fuerza a raíz de la quema de la Amazonia. En ese momento, se sumaron voces y posturas. Incluso la iglesia se pronunció a favor de su cuidado y preservación ante la mirada atónita de clérigos. A esta postura, también encontramos insólitas respuestas de gobernantes. Para algunos, la indiferencia era producto de la irresponsabilidad. Esto era obvio. Más allá de eso, algunas voces señalaban el beneficio económico como única carta de presentación del poder.

El cine verde[5] en el aula no es totalmente innovador. Pero, hablar del cine militante sí lo es. Cuando alguna obra cinematográfica llega al aula y genera diálogos sobre la reflexión de acciones diarias a favor o en contra del ambiente, de seguro permitirá un espacio para pensar las problemáticas y ofrecer respuestas. En Educación Primaria escuchar a niños y niñas sobre sus preocupaciones permite al maestro desarrollar más propuestas para la participación: campañas, charlas, exposiciones y cine foro forman parte de una pequeña muestra, que pudiera ampliarse con la creación de redes de apoyo en las comunidades.

La introducción del cine al aula[6] es clave. Solo cumpliría con una primera fase de acciones: la reflexión. Luego se generan otras más dinámicas, ajustadas a las evaluaciones del entorno. La suma de todas llevadas a acciones concretas (enmarcadas en la conciencia de cambio ofrecería un escenario para la actividad política). Las movilizaciones y peticiones de acuerdos son al menos dos derroteros claves.

A modo de caracterización del cine militante verde en el aula se puede enunciar:

  1. Algunos festivales ambientales ofrecen obras públicas en plataformas yotube o vimeo. Por esta vía es posible su acceso y uso.
  2. La obra cinematográfica antes de ser exhibida (si no está en forma pública) debe tener la aprobación del director o directora. Esta premisa es importante y necesaria. La solicitud genera de inmediato un compromiso del realizador con las actividades formativas en la escuela. Además puede organizarse así sea a distancia algún contacto vía WhatsApp (mensaje de voz).
  3. Cortometrajes y largometrajes pueden ser vistos en una escuela. Esta invitación no excluye la invitación de comunidades y ambientalistas interesados.
  4. Luego de una proyección puede desarrollarse un cine foro con biólogos, ecologistas o activistas ambientales.
  5. El registro de la actividad pudiera relacionarse con la existencia de un periódico escolar y radios comunitarias.
  6. Es necesario preguntar a los espectadores (niños, niñas, adolescentes, padres, miembros de la comunidad…) sobre las impresiones de la actividad desarrollada.

Militancia del maestro

Difícilmente se observa a un maestro actuando fuera de la escuela por la defensa de la vida animal y vegetal si vive enclaustrado. El aula es uno de los escenarios primarios para concienciar, pensar y sentir. No es el único. Desde ese lugar, puede crear conexiones sociales con las comunidades aledañas e impulsar la suma de otras voluntades a la causa ambiental.

Ciertamente, no siempre se encuentra una militancia verde (ajustada a la búsqueda de una armonía entre naturaleza y acción humana) por falta de liderazgos. Salen a la palestra pública otras problemáticas ajustadas al rol docente y su contexto (incentivos salariales, promoción, permanencia, entre otros). La autoridad concedida por instituciones del Estado y la sociedad queda a merced de respuestas burocráticas.

El maestro militante supera esa maraña de problemáticas. Su acción política lo lleva a ejercer el bien, superando la situación que pudiera afectarlo. Ese bien se traduce en formarse para la conquista de otros espacios en la esfera pública.

Traducir y comprender narrativas audiovisuales representa una de las principales conquistas que luego llevará a las aulas. Sin esta capacidad de lecturas, es posible que repita el discurso dominante. En consecuencia, la necesidad de conocer, sentir y pensar lo guiará posteriormente para el ejercicio reflexivo así como la puesta en marcha de técnicas para enseñar a pensar a sus estudiantes.  Este compromiso supera el apego al currículo escolar.

Asimismo la revisión de acciones en contra del ambiente activará al maestro en la búsqueda de movilizaciones con sentido. No al estilo exclusivo del cartel y una caminata, sino con invitaciones a otros actores sociales: familia, comunidad y ONG. La suma de voluntades enmarcadas en productos (solicitudes de acuerdos, convenios y planes para las localidades) constituye un primer ejercicio de participación ciudadana.

La formación de una ciudadanía verde depende de las herramientas conocidas[7] y aplicadas en escenarios. Primero el aula y las dialógicas desarrolladas: a) proyectos de aprendizajes-propuestas, b) la formación del maestro para la lectura-comprensión de narrativas, c) la dinámica reflexiva entre el cine militante-espectador y d) la incorporación de otros actores sociales a propuestas participativas.

El maestro emprende en el aula acciones no egoístas pensadas en el ejercicio de la participación ciudadana. La lectura de un texto y su posterior reflexión, la presentación de soluciones innovadoras a las problemáticas ambientales son tal solo algunos de los productos que los estudiantes deberán compartir con miembros de las comunidades aledañas.

A modo de conclusión

Identificarse con la Amazonia y respetarla como ciudadanos implica un proceso formativo. Reforzado en la escuela, más específicamente, por el obrar y decir del maestro militante (actor clave en el ejercicio político para la participación y convivencia en la sociedad).

Amazonia no es tan solo una imagen vista en algún cortometraje. Es sentir y pensar desde lo individual a lo colectivo. Respetar la vida de otros y mirarla como una belleza de nuestra región atesorada desde años, habitada por pueblos indígenas, admirada por estudiosos y amantes de la naturaleza. Verla como un pulmón restaría su belleza. Es más que ello. Una unión. Nuestra voz.

Basta con comprender desde pequeños en la escuela que no todo está en los libros escolares. Hay mucho más. Letras, vidas, sonidos, latir de corazones. Imaginarse-sintiendo, reflexionar- viendo, actuar-modelando aparecen como tres claves en el compromiso del maestro. Su presencia justifica la enseñanza y también la formación de una ciudadanía responsable.

A veces la pérdida de algo o alguien nos deja su recuerdo, también la presencia de aquellos seres amados. La Amazonia existe. Será posible recordarla cuando miramos por la ventana, vemos aves y montañas. Pero, hay algo más. Cuando cambiamos nuestra mirada respecto al mundo que pertenecemos dejaremos de conformarnos con el recuerdo. Pasaremos a la acción. Fijaremos posición respecto a las leyes, organizaremos redes de formación y fungiremos como maestros colaboradores de festivales ambientales.

Gracias a la coexistencia el maestro nunca está solo. Cuenta con ofertas amorosamente justificadas. Está en él o ella animarse. Desde su voluntad emprenderá cambios y resultará una imagen imitable para otros.

Referencias

Arendt, H. (1997). ¿Qué es la política. Barcelona-España: Paidós.

Peña, C. (2012). De Alemania a Latinoamérica: revisiones respecto a la bildung y bildungsroman. Revista de Educación y Desarrollo. 20. Disponible en: http://www.cucs.udg.mx/revistas/edu_desarrollo/anteriores/20/020_Pena.pdf

________(2019). Cine verde en el aula. Disponible en:  http://formacionib.org/noticias/?Cine-verde-en-el-aula

Peña, C y Peña M. (2019). Infografía y cine en el aula. Revista Making Of. 40. Disponible en: http://www.centrocp.com/making-of-140/

_________________ (2010). Cine y educación: ¿una relación entendida? Revista de Educación y Desarrollo. 15. Disponible: http://www.cucs.udg.mx/revistas/edu_desarrollo/anteriores/15/015_Pena.pdf

 

 

 

 

[1] Venezolana. Productora académica del Festival Internacional de Cine y Video Verde de Venezuela (Festiverd). Profesora de la UCAB y Maestra en CEAPUCV. Doctora en Ciencias de la Educación. Miembro de la Red Iberoamericana de Narrativas Audiovisuales (Red Inav). Correo electrónico: claririn1@gmail.com

[2] Esta categoría es revisada por Peña (2010) para su estudio. La relaciona con la voluntad del sujeto para aprender dentro de un recorrido.  Luego, es revisada Peña (2012) desde el vocablo bildung.

[3] Entre los festivales existentes en Suramérica se señalan: Brasil (FICA, Festcineamazônia, FRICINE), Argentina (Eco Film Fest, Patagonia Eco Film Fest, FINCA), Ecoador (Ecuador), Festival Internacional de Cine y Video Verde de Venezuela-Festiverd, Festival Internacional de DDHH y Ambiente (Paraguay), Festiver y FINCALI(Colombia), El Festival Camina (Uruguay), Festival Internacional de Cine Verde, Biodiversidad y Medio Ambiente en Acción (Bolivia).

[4] Los lectores pueden revisar algunos catálogos en línea. Por ejemplo en FINCA año 2014, se identifica el documental Yasuní el cual refiere a la explotación petrolera y su afectación a los pueblos originarios de Ecuador. En la edición de Festiver-2018 uno de los documentales exhibidos fue Lágrimas de aceite donde se explora los daños a los pueblos Awajún, Huampis y Kukama en la Amazonia.

[5] Según la conceptualización de Peña (2019) el cine verde contiene problemáticas ambientales públicas, las cuales al ser introducidas en el aula ofrece la accesibilidad de trabajar con el creador de la obra cinematográfica a través de redes sociales virtuales, al tiempo que permite el trabajo con especialistas.

[6] Es necesario la formación del maestro en cine y/o audiovisual, así lo señala Peña (2010) como reflexión final. Sin la apropiación del lenguaje cinematográfico difícilmente se estaría asumiendo la imagen movimiento en lugar de una narrativa literaria.

[7] Bajo esta óptica el maestro está en constante formación. Se dispone actualmente de espacios virtuales para la apropiación de conceptos. Sin costos para la inscripción es posible identificar cursos para la educación ambiental, cambio climático y herramientas de participación ciudadana. Probablemente algún lector asociará a algunas experiencias en Cursera, UNED y la ONU.

Written by Festiverd
Festival internacional de Cine Verde De Venezuela